Mujer al mando

Ana Antón está al frente de la gerencia del HSBC de Escobar desde 2015. Afirma que le gusta ayudar y ver crecer a sus clientes. “Cuando me vaya quiero dejar una huella positiva”, sostiene, con más de 30 años de carrera.

 

Son poco más de las cuatro de la tarde y Ana Antón está en su oficina, abocada al trabajo, que suspende por un momento para dar esta entrevista. Aunque la sucursal del HSBC ya cerró, ella todavía tiene para rato: suele irse recién a las ocho, porque no deja asuntos pendientes para el otro día y la responsabilidad de ocupar la gerencia de la entidad exige dedicación plena.

Puede resultar extraño encontrar a una mujer -madre de tres hijos- al frente de un banco. Aunque asegura que no es tan así, que “desde hace 15 ó 20 años” los cargos jerárquicos dejaron de ser exclusividad masculina y hoy la relación es casi de paridad.

“El mundo cambió en este tema. Yo nunca sentí discriminación ni diferencias por ser mujer. Es un desafío distinto”, comenta, con absoluta naturalidad.

Si bien confiesa sentir atracción por esta actividad, en la que se inició en noviembre de 1986, su primera vocación fue la agrimensura. De hecho, estaba finalizando la carrera cuando recibió el llamado de una agencia de empleo que le ofrecía un trabajo por 15 días. Debía ordenar legajos de tarjetas de créditos en una sede central y en algunas sucursales de Capital. Ella aceptó.

Así, hizo a un lado los planos y las medidas -aunque se recibió de agrimensora- para dedicarse de lleno a los números y la atención bancaria. Comenzó en el Banco Roberts, que después fue comprado por el HSBC, hace más de 20 años.

Recuerda que “fue un cambio enorme, porque el HSBC es uno de los bancos más grandes del mundo, llegaba a la Argentina a pisar fuerte y el Roberts era casi de una familia, un banco chico. Hubo que aprender muchas cosas y acostumbrarse a estándares globales, pero profesionalmente fue muy positivo, es aprender, aprender y aprender”.

Su trayectoria está signada por los progresos, paulatinos y constantes, uno tras otro: fue especializándose en atención telefónica por temas de tarjetas de créditos, desarrolló un área destinada a ese fin y fue la primera supervisora del call center de tarjetas. Después trabajó en la integración de esa unidad de atención telefónica en todas las sucursales del HSBC.

Al poco tiempo la convocaron para un equipo de cobranzas, donde estuvo diez años con personal a cargo. “Era un equipo hermoso, que recuerdo con mucho cariño”, señala sobre esa etapa.

Ya estaba acostumbrada a viajar todos los días hacia Capital y su camino siguió en la sucursal de Once, hasta que una gerenta regional le ofreció postularse para hacerse cargo del local que funciona en Escobar, sobre la Colectora Este, casi en la entrada a la ciudad.

“Hice mi postulación, gané y desde hace cuatro años que soy la gerenta de esta sucursal”, cuenta, orgullosa y entusiasmada con la posibilidad de trabajar cerca de su casa y poder darles soluciones a sus vecinos.

“Con lo que vos ofrecés la gente puede hacer cosas. Y si encima es tu vecino, gente a la que viste crecer, mucho mejor. Ayudar desde una entidad financiera me encanta”, sostiene.

Por ser la máxima autoridad de la sucursal, Antón es quien recibe críticas y elogios, rezongos y agradecimientos de los clientes. “Siempre puede haber inconvenientes, pero nosotros nos distinguimos por cómo los resolvemos, empatizamos con el que tiene el problema. La gente devuelve el agradecimiento cuando ve que es bien atendida. Y los empleados de un banco nos debemos a nuestros clientes”, enfatiza.

A los 57 años, compenetrada en su tarea y convencida del rol desarrollista de un banco en la sociedad, concluye: “La sucursal creció y es rentable, pero siempre queremos más. Esto requiere mucho trabajo y cuando me vaya o me jubile, quiero que la gente me recuerde bien, dejando una huella positiva”.

Por Javier Rubinstein

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