Adiós a un clásico

La tradicional heladería Basso cerró el local de la avenida Tapia de Cruz. La crisis económica del país y la fuerte competencia en el rubro hicieron inviable su continuidad. “La cabeza no me daba más”, explica su dueño.

 

Después de seis décadas, una de las heladerías más emblemáticas de la ciudad cerró sus puertas. Acorralado ante el difícil contexto económico del país y la mayor competencia en el rubro a nivel local, Sergio Basso (53) decidió tirar la toalla y dejar atrás el legado de su padre. Aquel que se inició como El Cafetal y que tuvo una época de gloria sobre la avenida Tapia de Cruz al 800.

“Pasaron muchos años, muchas horas de estar acá adentro y uno se cansa”, explica Sergio Basso sobre la difícil determinación que le tocó tomar y en la que también tallaron razones personales, además de económicas.

“El negocio ya me cansó y el cuerpo me está empezando a pasar factura. Tuve un par de episodios que me hicieron recapacitar y lo mejor era dejar. Uno lleva los problemas a la casa y explota por cualquier pavada. La cabeza no me daba más”, confiesa.

La charla se da en la tarde del miércoles 23. Ya no estaba el cartel de chapa colgado detrás del mostrador, aquel que decía “Desde 1957 elaborando el verdadero helado artesanal”. Un rato antes, uno de sus hijos se lo había llevado como recuerdo. Tampoco están las cucharas de metal para servir los helados, el mismo Sergio se las regaló a diferentes amigos que fueron a despedirse del emblemático local, donde todos pasaron gratos momentos.

La delicada situación económica del país fue un factor bastante determinante a la hora de decir basta. Lo mismo que la cantidad de heladerías que abrieron en los últimos años en la ciudad, que representaron demasiada competencia para el comerciante escobarense.

“Han abierto 200 mil heladerías con propuestas diferentes, lo nuestro era artesanal y tiene su costo. Con cierta plata en mi heladería tomaban helado tres personas y en otro lado por la misma toman cinco. La gente hace rato que come con el bolsillo y no con el paladar”, afirma, con honestidad brutal, justificando la baja en ventas de su comercio y el terreno que ganaron otras firmas más económicas pero de menor calidad en la elaboración.

La decisión final la tomó a principios de enero, ahí se dio cuenta de que no quería seguir, que estaba saturado de su trabajo y de las horas de comerciante. “Hablé con mi familia, mis hijos y les comuniqué lo que iba a hacer. El verano venía flojo y no daba para más”.

Su hermano Gustavo, que continuará con el local de Rivadavia al 400, lo apoyó. “Yo lo ayudaré en lo que él necesite. La gente va a tomar allá el mismo helado que tomaba en mi negocio”, asegura Sergio. Ambos fueron leales a la fórmula que su padre, el recordado “Cacho”, les inculcó para darle un sabor distintivo al helado y hacerlo un producto rico, saludable y nutritivo.

A nivel personal, su única certeza es que no abrirá otro negocio, su etapa detrás de un mostrador se terminó en la heladería. El inmueble es suyo y ya lo tiene alquilado, allí nacerá un nuevo comercio. “No sé qué abrirán, lo puse en inmobiliaria y ya me lo señaron”, explica, aliviado.

Antes de terminar la conversación, Sergio se despide de sus clientes y amigos, con quienes trató a lo largo de 38 años como heladero. “Siempre di lo mejor de mí. Vi pasar cuatro generaciones. En la buena época éramos cinco atrás del mostrador y los sábados cerrábamos a las 3 de la mañana. Después cambió todo, no sé por qué… son las vueltas de la vida”, reflexiona, con melancolía.

 

Por Javier Rubinstein

Comments

comments

 

Diseño de paginas en Zona Norte

Facebook Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Directory Wizard powered by www.polldirectory.net